Elegir fracasar. El mundo contra mí
Yo no me enamoro más! tiré 3 años a la basura en una relación que no funciono!
Los blogs son una porquería! escribí un post maravilloso y nadie lo leyó.
Nunca compraría acciones, yo tengo un conocido que perdió todo… que pierdan plata los idiotas.
En este país es imposible progresar, y si alguien hace mucha plata es porque roba.
Ese negocio no es rentable, yo lo intente y es imposible obtener ganancias.
Pase 2 años haciendo una novela que nadie quiere publicar, no escribo más, acá son todos unos brutos!
Y que querés? Yo en mi situación no me puedo dar el lujo de arriesgarme solo.
Mis últimos 3 intentos fueron un fracaso, yo no puedo ni sirvo para esto.
Te suena familiar?
Quien alguna vez no se abrazo a un fracaso para justificar un momento?
Hay gente que vive y muere justificando su vida de esta manera.
Personas que adoran los fracasos propios y otros que ni siquiera los tienen y se apropian de los ajenos…
Personas que exhiben esos fracasos como explicaciones certeras y convincentes, ensayando un perfecto argumento (lleno de teorías y vacio de autocritica) del porque del pateticismo y la mediocridad que les toca vivir.
No conozco persona a la que no haya escuchado justificarse alguna vez, es dañino pero en normal. Todos lo hacemos en algún momento porque es fácil, porque cierra el círculo, porque te absuelve de culpa y porque te deja encontrar comodidad dentro del problema.
Cuando tenía 21 años me llamaron de una empresa multinacional.
Era una oportunidad importante que no muchos tenían, y sin demasiados preámbulos ni tiempo de análisis, el día después de la entrevista, empecé mi primer trabajo “en serio”; con una sonrisa de oreja a oreja y por el doble de dinero de lo que ganaban la mayoría de las personas que por ese entonces conocía.
Por mucho tiempo fue muy bueno para mí, pero con los años las cosas fueron cambiando. El trabajo perfecto empezó a mostrar sus defectos (y supongo que yo los míos), y esa relación que nació como ideal se convirtió en un mar de frustraciones del que me resultaba imposible escapar. Y aunque nunca deje de hacer mi parte, debo reconocer que más de una vez la hacía de mala gana.
Estaba estancado, frustrado, mal conmigo mismo, con la rutina, las políticas y hasta la plata (que había dejado de ser buena).
Y sin embargo, ahí seguía… porque?
Hoy no tendría explicación más lógica que por idiota, pero en ese entonces y a pesar del malestar, mas de una vez justifique el quedarme:
- cuando consiga algo mejor me voy a ir
- necesito la plata, no puedo irme así porque si
- las cosas ya van a mejorar
- es lo que hay en este País
- todos los trabajos son iguales, es la vida
- no tengo plata para encarar los proyectos que tengo
- etc., etc., etc.
Hay ciertas situaciones dictadas por el destino, el de arriba, la naturaleza, la suerte, el karma (o la explicación que más te guste creer), que simplemente no podemos cambiar o evitar… como por ejemplo la muerte.
El resto de las cosas (que no son pocas ni irrelevantes) dependen casi exclusivamente de nosotros.
Todos tenemos el control de nuestras acciones. Estar mal es muchas veces una decisión, esperar es otra.. y dejar al “destino” adueñarse de tu tiempo y marcar el rumbo de tu propia vida es a menudo la peor decisión que podemos cometer.
La realidad que vivimos no es siempre la idealidad que nos gustaría vivir, pero sin dudas siempre esta en nuestras manos hacer que se parezca cada vez mas.




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